Prensa I 2018

1)  23 de abril  I  Expreso  I  Crónicas y retratos  I  Voz íntegra  I  Roberto Cores  I  Página 25

 

Suelo con entusiasmo hablar de los privilegios con los que la vida me halaga. Esta página lo es. Son sus pares los amigos con quienes comparto un propósito, una conducta, conversaciones y momentos de silencio. Compartes declaraciones, decisiones y consecuencias. Anselmo Carrera fue, sigue siendo un privilegio. Hombre íntegro, leal a su idea en la palabra y la obra. Honesto en la hoja de ruta y de vida. Amigo.

El sábado 21 Anselmo hubiera cumplido 69 años. Cuántos de ellos estuvieron puestos en su entrega y compromiso con la permanente voluntad  de servicio como maestro, como artista, con la verdad de su trabajo con el que hablaba de la condición humana.

Anselmo y una importante selección de su vastísima obra son un privilegio al dar inicio a los homenajes que celebran los primeros 100 años de la Escuela Nacional Superior Autónomas de Bellas Artes del Perú, de la que fue alumno, maestro y ejemplo.

Cuerpos en silencio es su primera gran muestra antológica con la que después de una larga e incompresible temporada de olvido ajeno y un sentido silencio suyo, regresa a las galerías confirmando su condición de creador y testigo. Este imponente y sobrecogedor conjunto de piezas, de variado fechado, nos trae de manera clara la lucidez de su intención, y al manejar el acrílico sobre lienzo y papel, tinta, aguadas, serigrafías, collages muestra su dominio del oficio. Hasta en el mínimo acento en las piezas monumentales y pequeños formatos conviven fuerza y fineza, monumentalidad y ausencia de superfluas e innecesarias gratuidades.

En la persona de Carlos Valdez Espinoza, director de la Escuela Nacional de Bellas Artes, reconocemos a todos quienes en la ENSABAP asumieron la decisión de presentarla y a quienes en cada una de las comisiones tuvieron el afán y empeño de hacer realidad esta gigante tarea. Colgada en los dos niveles del Centro Cultural de Bellas Artes, Cuerpos en silencio contó con la curaduría de Jorge Villacorta, la presencia de los hermanos de Anselmo, Manuel, Vicky y Tania, de Michael, el sobrino engreído y el equipo técnico del Centro. Los amigos siguieron atentos el proceso queriendo ser y dar testimonio del reconocimientos de la importancia de Anselmo de quien el curador dice es “…figura descollante entre los más importantes creadores en el terreno del arte visual contemporáneo en el Perú”. Puede visitar Cuerpos en silencio hasta el 20 de mayo en el Centro Cultural de Bellas artes de martes a domingo, de 10 a.m. a 1 p.m. y de 2 a 7 p.m. Jirón Huallaga, Cercado de Lima. Vale decir que ese aire de casi desenfoque que tienen mis fotos es resultado de querer probar ese “modo suave” que ofrecía la cámara; no me incomoda, auqnue no tenga la definición que se quiere para prensa, pero podremos recostarnos a decir es modo experimental.

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2)  13 de mayo  I  El Comercio  I  El Dominical  I  Año 65  I  Nº 7  I  Crítica de arte  I  Cuerpos en silencio. Anselmo Carrera  I  Max Hernández Calvo  I  Página 11

 

La exposición antológica de Anselmo Carrera, curada por Jorge Villacorta, plantea un panorama de una de las figuras clave del arte peruano de la década del ochenta y uno de los creadores más interesantes surgidos de la Escuela de Bellas Artes en la segunda mitad del siglo XX.

El conjunto de obras reunidas presenta a un artista que aborda el cuerpo como una preocupación fundamental en la que convergen tres asuntos: por un lado, una relación compleja con el mundo interior, sugerida por la carga existencialista de su insistente tratamiento expresionista de las figuras. Por otro lado, un acercamiento exploratorio al mundo físico, manifiesto en la alusión gráfica a la carne viva, la subyacente carga sexual de sus personajes y un tratamiento de la pintura como materia a modelarse. Y, finalmente, una creciente ansiedad con el mundo exterior y el entorno -una respuesta con contexto de violencia del Perú de los años ochenta-, que es incorporado mediante la figura del cadáver expuesto, tomada de la prensa.

Si los cuerpos de Carrera son silenciosos es porque la procesión va por dentro:la intensidad de figuras es desbordante, así como su aparente sufrimientos, indignación, rabia y violencia son contenidos. En tal medida, esa dimensión expresionista de la obra se engrana con precisión al contexto de su tiempo.

Sin embargo, hay más que violencia en la obra del artista. Un aspecto especialmente interesante es la tensión sostenida entre las alusiones al dolor (físico y emocional) y la sensualidad, que se reflejan en el trabajo pictórico: los contrastes de color, a la vez vibrantes y contenidos; la carga de la textura del pigmento; el ímpetu de su pincelada; la agitación de su línea y de sus marcas sobre el lienzo. Todo ello sugiere un substrato de potencia -y casi se dirá esperanza-, bajo la superficie de crispación de las imágenes, como si se anunciase un latente renacer.

Aunque es difícil seguir un recorrido cronológico en la producción de Carrera (muchas de las piezas expuestas no están fechadas), pueden rastrearse ciertos cambios. Las más tempranas, de los setenta y ochenta, emplean mayormente tonos grises y sepias, y los cuerpos tienen conexiones con el estudio anatómico. El color aparece con fuerza hacia 1982, y se introducen elementos de collage. En esa transición los cuerpos sugieren estados más críticos (sin piel, esqueléticos, cercanos a la muerte), aunque el uso del color y los contrastes lumínicos les impriman vitalidad.

Son de enorme interés sus notables trabajos con fotoserigrafía de fines de los ochenta, que combinan imágenes fotográficas de prensa y publicidad (figuras femeninas, cadáveres), textos, elementos abstractos, collage y figuración expresionista. Articula, así, lo erótico y lo tanático con gran potencia.

Una estrategia presente en algunas de estas obras supone el remarcar y anular la imagen fotográfica. Carrera crea recuadros con brochazos gestuales que resaltan algunas imágenes, pero también tacha otras. Más que un mero despliegue gestual por parte del artista, ello sugiere una relación conflictiva con la imagen.

Lo que la exposición nos muestra, por tanto, es a un artista que enfrenta un mundo formado por imágenes “flotantes” (las de los medios de comunicación) y una realidad capaz de liquidarnos, y tornarnos en una más de tantas imágenes.

Dicho en breve, el proyecto de Carrera fue negociar con el impacto de la imagen sobre el cuerpo mismo. De ahí la colección simultánea de distintas formas de representación y de alusión al cuerpo: fotográficas (la imagen mecanizada del cuerpo de la cámara y la imprenta), pictóricas (la concepción visual del cuerpo vía una síntesis iconográfica); el cuerpo hecho cosa encarnado por el cadáver, el cuerpo hecho objeto producido por la publicidad, y también el cuerpo de propio artista, tácitamente presente en la amplitud de sus gestos y en el detalle de sus marcas en el acto de retratar los cuerpos.

Esta exposición antológica permite ese necesario redescubrimiento de la obra de Anselmo Carrera precisamente en el momento en que se busca entender las raíces de nuestra contemporaneidad (la transición del arte moderno al contemporáneo). En esa historia, Anselmo Carrera emerge como una figura clave, habiendo estado siempre ahí, en un absurdo descuido fue pasado por alto.

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