1985 - 1993

Durante la segunda mitad de los años 80, Carrera continuó con una prolífica trayectoria de exposiciones en las que las obras producidas demostraban sus habilidades en la pintura. Paralelamente, con lo aprendido en serigrafía dentro de los talleres de la Corporación Prográfica de Cali en 1983, sumado a su perfeccionamiento y entrenamiento en las aulas de SENATI, Anselmo desarrolló un gran número de obras con la ayuda de esta técnica; obras que reflejan la dura realidad que el Perú atravesaba.

Para ello, por medio de la apropiación, buscaba imágenes en los medios de comunicación impresos de aquellas épocas que serían luego reproducidas serigráficamente e intervenidas con materia pictórica, dando origen a escenarios -muchas veces casi ininteligibles- dentro de violentas composiciones y densas atmósferas. De esta manera, Carrera crea una tensión de presencia / no presencia dentro de estas obras de pequeño formato, forzando al espectador a sumergirse en ellas y encontrar las formas. Es en 1988 que presenta por primera vez una serie de mono fotoserigrafías en la galería Fórum. Anselmo emplearía esta técnica nuevamente en 1990 para crear una serie inspirada en El Frontón.

Dentro del acervo familiar del artista se hallan muchas obras de este formato -así como los bocetos y pruebas que realizó para cada una de ellas-, y que no cuentan con un fechado preciso. Sin embargo, gracias a que las imágenes empleadas vienen de los diarios, es posible ubicarlas entre 1985 y 1990.

Esta exploración serigráfica no evitó que Carrera continuara produciendo pinturas. En ellas, la figura humana se haría nuevamente presente. Las formas se aproximan a las tintas que realiza en la segunda mitad de los 70, pero éstas se tornan más pesadas, recias, viscerales y macabras. Las composiciones se hallan dentro oscuras atmósferas con un sobrio empleo del dripping y rápidas pinceladas. Una delgada  línea define los cuerpos y los separa del fondo, anunciando el giro que daría en su propuesta para la I Bienal Nacional en 1997.