Prensa I 1982

1)  19 de abril  I  Caretas  I  Año XXXI  I  Nº 694  I  Sobre Arte  I  Jarros e intemperancias  I  Luis E. Lama  I  Página 48

 

Para los preocupados por la situación de nuestra educación artística no puede resultar menos que lamentable la suspensión -¿temporal?- de Herbert Rodríguez de la Escuela de Artes plásticas de la Universidad Católica, a raíz de un incidente en el que abundaron jarros e intemperancias. Un bien fundamentado artículo de Luis Freire dio la alarma en ese sentido, y si bien consideramos que cada institución puede adoptar las medidas disciplinarias que considere conveniente, no deja de ser irónico que la sanción se aplique al más talentoso estudiante  de una escuela que no se ha caracterizado por generaciones sobresalientes y cuyo aporte a la plástica nacional se podría calificar como magro.

El caso Rodríguez sirve entonces para poner de nuevo sobre el tapete la discutible orientación de las escuelas de arte en el Perú. Por ahora solo queda rezar para que la inteligencia ilumine la senilidad, algo, que como todos sabemos, no es tanto cuestión cronológica como mental.

 

CUEVAS

Ivonne Briceño reúne 14 aguafuertes de José Luis Cuevas,, (SIC) notable dibujante mexicano que tuvo su apogeo en la década pasada cuando se encargara, años atrás, de renegar de Siqueiros y Rivera para admitirse alumno de Orozco y adherirse rabiosamente a una realidad cosmopolita, tratando de amputar lo que consideraba el cáncer del nacionalismo, sin comprender que trataba de eliminar algo hacía tiempo muerto, la incineración de un cadáver ya momificado. El impacto causado por Cuevas lo llevó a contar con innumerables seguidores en toda América Latina. Entre nosotros su más conspicuo emulador fue Anselmo Carrera quien ya inició la sublevación de influencias externas en últimos trabajos que marcan los comienzos de la liberación.

Contando con exégetas de nivel de Marta Traba y Octavio Paz -quienes en su oportunidad hicieron lo mismo con Szyszlo- resulta indudable que el principal promotor de Cuevas ha sido Cuevas mismo. Por eso, tiene razón Blanca Varela cuando, en lo que parece un error, anuncia en el catálogo que Cuevas ha escrito mucho y muy bien sobre sí mismo. Esto lo reforzó Damián Ballón diez años atrás, cuando escribiera: “Niño prodigio a los 11 años, a los 40 sigue en pose de “enfant” terrible narcisista. Al fin de cuentas con él caemos siempre en la imagen de la niñez y es que Cuevas -como ciertas mujeres bonitas- no está hecho para estar viejo”.

La angustia del dibujante, esa adolescencia perversa cada vez más decrépita ha perdido su condición existencial para convertirse en mercurial. Mismas transnacionales que se dice. Así, basta comparar estos aguafuertes con el extenso panorama del año pasado en Petroperú para comprender que toda esa desaforada búsqueda de patetismo se ha convertido en una formulación reiterativa que ha hecho cambiar radicalmente el efecto perseguido. De la contemplación sucesiva de Cuevas, de esa secuencia que se quiere corrosiva, solo se llega a convivir perfectamente con lo que supone insoportable, porque a pesar de sus cualidades, ya sus dibujos no agobian, sencillamente agotan. El aburrimiento, la constante copia de sí mismo, nos hace pensar en lo que 300 años atrás dijera Jean de la Bruguère: en la vida sólo tiene lugar una vez la pasión. Los casos siguientes apenas son una imitación de ella.

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2)  26 de setiembre  I  La Prensa  I  Año LXXX  I  Nº 21849  I  Perspectiva  I  Ver & Oír  I  Forum con Carrera  I  Página 19

 

El miércoles Anselmo Carrera inaugura en las Salas I y II de la Galería Fórum una muestra de sus trabajos más recientes. El local está ubicado en el sótano de Larco 1150, en Miraflores. Carrera incursiona esta vez en la pintura de lleno con manejo del acrílico sobre papel y sobre tela. Con gesto suelto y libre, pinta monstruos cargados que inquietan por su fuerza y humanidad. ¿Habrá un autorretrato?

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3)  26 de setiembre  I  La República  I  Año 1  I  Nº 267  I  Domingo  I  El trabajo del artista parte de las cosas vividas  I  Tomás Merino  I  P. 17

 

Anselmo Carrera inaugura el próximo miércoles 29 una exposición en la Galería “Fórum”.

Carrera es uno de los pintores más destacados de su generación. Estudió pintura y dibujo en la Escuela Nacional de Bellas Artes, y en los talleres de Milner Cajahuaringa y Alberto Dávila. Acaba de exponer en el Museo de Arte Moderno “La Tertulia” de Cali, Colombia, donde el año pasado ganó el Premio de la IV Bienal Americana de Artes Gráficas.

Pero dejemos que sea el propio artista quien nos explique cómo nace su pintura, un tanto terrorífica y agonizante, que nos recuerdan viejos mitos telúricos y ancestrales.

El arte es la manifestación humana que de manera más directa objetiviza la esencia del ser humano. De su capacidad creativa y transformadora. El arte también es una relación, un nexo entre los hombres. El artista objetiva la esencia del ser para comunicarse con los demás.

¿Qué diferencia hay entre esta nueva muestra de “Fórum” y la del año pasado?

La del año pasado fue una colección de tintas. Algo más gráfico. Más cercano a lo que es el dibujo. Ahora mi trabajo se acerca a algo más pictórico. Hay texturas y relieves dentro de las imágenes que pinto, y los 18 cuadros que presento, ahora en “Fórum”, están imbuidos en esta técnica.

¿Encontramos que los temas casi no han variado, son casi parecidos. ¿Es una característica de tu pintura?

Son personajes, son imágenes. Ahora retorno con las mismas imágenes y temas, pero, más trabajadas. Es más, quiero encontrar una imagen que exprese mejor la realidad.

En tu pintura se encuentra una especio de fantasmagoría. ¿De dónde extraes los temas?

Pienso que el artista vive inserto en una realidad. Su trabajo parte de determinadas concepciones, ideas. Es más, todo el trabajo del artista parte de las cosas vividad, de las experiencias cotidianas. Parte también de una realidad social cercana, sea ésta política, social o económica…

¿Pero tan mal ves la realidad, que la exteriorizas en esa forma?

Yo creo que todas las cosas que conformanla realidad, en una región de nuestra sensibilidad adquieren forma y surge en el artista un deseo irresistible de volcar estas imágenes, que todos poseemos en el interior.

Pero son imágenes terribles… tal vez oníricas…

Pero, son mis imágenes y ellas, son, creo yo, las que mejor expresan mis sentimientos y emociones sobre la realidad. Como artista trato de erradicar ese ilusionismo tradicional, tratando de hallar una imagen mucho más expresiva. Es más, creo que el arte debe tener un contenido social, cercano a una sensibilidad contemporánea.

¿Cuál es la relación entre creación y sueño, ya que como te decía hace un momento, encuentro elementos que afloran, más que de sueños, de pesadillas…

Las imágenes brotan de mí así y en esa forma las plasmo en mis cuadros. Mi pintura no tiene ninguna relación con el surrealismo y no existe ningún elemento onírico en ella. Simplemente, y lo vuelvo a reafirmar, lo que pinto está basado en la realidad. Si perduran las grandes obras es que van más allá, expresando valores humanos que aún hoy son vigentes.

4)  27 de setiembre  I  Oiga  I  V Etapa  I  Nº 94  I  Acrílicos de Anselmo Carrera  I  Página 56

 

Trabajos recientes de Anselmo Carrera inaugurará Galería Fórum el miércoles 29, en sus Salas I y II.

Carrera, con gesto suelto y libre, pinta monstruos que inquietan por su fuerza y humanidad, imágenes plenas de emoción y significado, invadiendo la tela o papel. El color, la textura –cargada por zonas- y el collage, en algunos casos, son usados como armas, para transmitir un gran contenido humano y social.

La muestra permanecerá expuesta hasta el 12 de octubre.

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5)  29 de setiembre  I  El Comercio  I  Año 143  I  Nº 76043  I  Sección C  I  Cultural  I  Actividades del día  I  Pintura  I  Página C - 10

 

Pintura

Recientes trabajos del dibujante Anselmo Carrera, realizados en acrílico sobre papel y tela, serán expuestos en una muestra que se inaugura a las 7.30 p.m. en la Galería Fórum (Av. Larco 1150, Miraflores).

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6)  4 de octubre  I  Caretas  I  Año XXXI  I  Nº 717  I  Sobre Arte  I  Otra vuelta de tuerca  I  Luis E. Lama  I  Página 69

 

En Fórum, Anselmo Carrera instaura el discurso de su pintura para visualizar lo inexistente y poner en términos de una nueva imagen su concepto de la angustia y la opresión.

Con lenguaje críptico, la obra de Carrera – hasta hace poco dibujante con gruesas referencias a Cuevas - transita por una poética que rechaza el refinamiento académico para beneficiar el impulso y liberarse de la belleza de la forma y del color. En esta evolución sigue un sistema similar a lo que el italiano Bonito Oliva denominara “transvanguardia” o en algunos países “pintura salvaje”, opción asumida por los protagonistas de las convulsiones de los 60, quienes abandonaron el caballete por el “arte como idea” para finalmente regresar al pincel y la tela. Los que volvieron tomaron como elementos de diversas épocas para hacer coexistir la abstracción y la figuración, estableciendo el  eclecticismo estilístico que caracterizaría a esta tendencia de crisis individuales.

Carrera –que no participó de los “Sixties” –también se aleja de quienes consideraron que el cuadro podría eliminarse y se dedica a formular un problema todavía pendiente de solución. Porque los trabajos que exhibe ya no tienen nitidez en la superficie ni preocupación por la estructura, que ahora surge espontánea. Lo que aparenta interesarle es realizar una pintura de extremos, en la que parte de sus seres de antaño –burócratas/burgueses- que hoy quedan descarnados y reducidos a mandíbulas en movimiento de hierática burla. Ahora los personajes no tienen límites discernibles y se incorporan a fondos oscuros y a texturas visuales con las cuales, exasperando sus recursos, realizan un arte de agresión.

Sin embargo, la deliberada ausencia de normas compositivas, que en muchos casos constituye una pérdida lingüística, llevan a Carrera al caos. Y es aquí donde reside el principal riesgo y el mayor acierto de un expositor que sublimiza la fealdad para apostar a todo o nada y llegar a un fracaso parcial, en todo caso meritorio, por un trabajo sin concesiones, por la creación de imágenes inéditas que lo apartan de la artificialidad.

Carrera ha hurgado en la tradición para visualizar sus monstruos y llegar a lo grotesco en visiones donde lo social se tiene, más que en su iconografía, en la forma artística, cuando busca nuevos modos de comunicación a través de inestabilidades y estímulos directos que terminan reemplazando al patetismo por la rabia.

Las oscuras ansias de libertad que se encuentran en los resabios expresionistas de Carrera están acordes con la nueva imagen que postula, con una transvanguardia que no reniega del pasado ni se oculta del presente, sino que se revela producto de una búsqueda esencialmente individual que transita por múltiples caminos y que privilegia la subjetividad del autor. Estamos muy lejos de los criterios del arte como revelación, del experimento, de la euforia creativa y de la novedad como elemento esencial. Por eso ya no hay vanguardia -¿alguna vez la hubo?- ni transformación radical, ni cuestionamiento al pasado. “Ahora que ya no existe modernidad, el arte actual supera lo conceptual y se vuelca a lo representativo para crear una imagen que pueda responder en términos de opulencia a determinadas situaciones de empobrecimiento social” (Oliva). La crisis, que es del sistema, nos trae entonces la teoría de “un arte que se satisface en sí mismo”, que trabaja sobre los despojos del pasado en momentos que nos aferramos por sobrevivir. Hoy que nos llenamos de dudas por lo que ha de venir, parece que también en el campo de la plástica, no hay más cabida para el optimismo.

Memorable Octubre

En este mes se tendrán varias de las mejores muestras del año: esta semana inauguran Emilio Rodríguez Larraín en Galería 9, Antonio Maro en Trapecio y una retrospectiva de Wilfredo Lam organizada por Malvina Lemor en Camino Brent. A partir de la segunda quincena se tendrán los dibujos de Armando Villegas en Camino Brent, esculturas del talentoso Benito Rosas en Fórum,  el debut de José Antonio Morales en La Araña y una gran muestra de la extraordinaria Marina Núñez de Prado en 9.

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7)  Oiga  I  4 de octubre  I  V Etapa  I  Nº 95  I  En la cultura  I  Obra de A. Carrera  I  Página 58.

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8)  6 de octubre  I  El Comercio  I  Año 143  I  Nº 76050  I  Sección C  I  Cultural  I  La pintura gestual de Anselmo Carrera  I  Jorge Bernuy  I  Página C - 10

 

El gesto creador es independiente de la voluntad y el control. Es como una emoción directa y espontánea del estado síquico, como el reflejo de nuestra naturaleza, que da respuesta a un mundo que cambia vertiginosamente por la tecnología de la luz y el movimiento.

Desde sus inicios, los ojos de Anselmo Carrera expresan la fascinación por un universo sensible que nos arranca de nuestra rutina y nos transporta al encuentro del hombre desarmado y destruido.

Su pintura se distingue por su gran valor expresivo. La imagen y la línea gestual resultan una compleja condensación de atmósferas misteriosas, por la fuerza concentrada que le otorga el color al valor sicológico de la imagen, resumiendo toda una situación de dramática violencia.

Cada rostro de gesticulación frenética y distorsión trágica, expresa la maldad y la hipocresía que vive el hombre de este siglo, al cual Carrera presenta como un animal metafísico, con una mueca de dolor y mostrando furiosas dentaduras.

Este pintor evidencia la profundización de su pintura por el sentido combativo. No se detiene en la denuncia factual de tipo descriptivo, sino que procura develar la esencia misma de esa situación que es la soledad del ser fuera de toda apoyatura anecdótica y efectista.

En las dos salas de la galería “Fórum”, Anselmo Carrera presenta una muestra de sus últimos trabajos en acrílico.

Los personajes del Anselmo, siempre desagradables al primer impacto de nuestra sensación, nos permiten descubrir en su pintura signos gestuales tratados con colores puros de gran fuerza. Esta información visual, de constantes movimientos expresionistas está de acuerdo con las reacciones internas dirigidas por el movimiento lineal de las formas humanas.

El humor del pintor, su tranquilidad, su excitación, se plasman en una representación de gestos, como una escritura desordenada, con movimientos y enlaces donde brota la fantasía. Las formas colorísticas se elevan y se envuelven, aparecen y desaparecen. Toda esta anotación pictórica abarca la experimentación de Carrera.

La forma expresiva de su pintura logra trascender  la inmediatez y pasa a simbolizar las fuerzas genuinas de la lucha cruel de la subsistencia. Los hombres de aspecto monstruoso, llenos de dolor, parecen salir de un macabro carnaval.

Creemos que este pintor tiene que dejar el espacio plano, para experimentar con objetos con volumen y seguir explorando una nueva concepción visual, que creemos en estos momentos ya le es necesaria.

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9)  30 de octubre  I  La República  I  Año 1  I  Nº 301  I  Opinión  I  Arte: Dos muestras de transición  I  Sebastián Gris  I  Página 11

 

Son ampliamente conocidas las dificultades que nuestro medio impone a aquellos que aspiran a lograr algo así como una carrera artística. Entre los pocos jóvenes que lograron establecer en los últimos años una actividad sostenida de exposiciones se encuentran Benito Rosas, -quien exhibe actualmente sus últimas esculturas en “Fórum”- y Anselmo Carrera, quien le precedió con pinturas con pinturas y collages en la misma galería. A pesar de las obvias distancias entre la labor de ambos plásticos, hay ciertas referencias en común que le otorgan a sus respectivas muestras un carácter de transición sobre el que valdrá la pena detenernos.

 

Tanto Rosas como Carrera fueron más bien ajenos a las tentativas radicales que se dieron fugazmente en nuestra plástica a fines de la década del ’70. Desde un primer momento ellos apostaron al mercado y a la convicción de poder imponerle un discurso propio. Hoy que ese mercado se anuncia en plena recesión, ambos artistas se encuentran tres o cuatro años después de sus primeras individuales en un momento particularmente crítico de sus carreras: el desarrollo de una relación estable con un orden plástico que pugna por librarse de la crisis de direccionalidad que le caracterizó durante el gobierno militar.

 

La incertidumbre de aquella relación aún no definida se ve reflejada en las indagaciones dispersas en la exposición de Rosas. Más allá de las predecibles influencias o del trabajo específico de cada obra, la muestra se diluye en vertientes desiguales que no obstante comparten en la presentación de las piezas una voluntad contraproducente de agradar. Así por ejemplo, la ostentación de bronces pulidos y sin pátina empobrece la propuesta lúdicra y hasta sensual contenida en el carácter manipulable de esculturas diseñadas para la mutua penetración de sus partes.

 

La complacencia en el acabado es síntoma acá de una inseguridad que deviene en excesiva preocupación formal y socava tanto la idea como el trabajo sensible del artista. Pero en los mejores mármoles del conjunto esa preocupación será aplicada a una agresiva y punzante sensualidad de ocasionales visos totémicos. Estas últimas piezas justifican hoy el optimismo con que desde un primer momento fue recibida la obra de Rosas, pero no plantea aún una alternativa a la pulcritud estetizante de su planteamiento.

 

Muy distintas son las inquietudes manifiestas en el renovado gestualismo con que Carrera agrede en sus cuadros a personajes tras los que asoma la metáfora críptica de un orden agobiante y opresivo. A las oposiciones entre línea y masa, mancha y grafismo, que durante varios años caracterizaron plásticamente a su obra, el artista impone ahora una inusitada violencia cromática de resultados aún indefinidos.

 

El evidente tránsito de la labor gráfica a la cualidad pictórica podrá sin duda interpretarse como algún tipo de concesión a un medio obsesionado por la durabilidad del lienzo y el virtuosismo del color. Pero la agresiva libertad con que este último es acá empleado nos remite también a una búsqueda de recursos para exacerbar el sentido crítico de los cuadros por medio de la radicalización de un lenguaje hacia formas cada vez más desenfrenadas y subjetivas. El gesto es sin duda ambicioso pero la técnica y el circuito por los que el artista ha optado mediatizan su vocación subversiva.

 

Contradicciones como éstas definen los límites de una labor circunscrita a un mercado que pugnará por asimilar y castrar a la obra. El trabajo de Carrera mantiene aún, sin embargo, valores de cuestionamiento y ruptura que podrían reelaborarse en otros contextos. La suya es una labor que amerita ser puesto a usos adicionales y alternativos.

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