Prensa I 1975

1)  28 de junio de 1975  I  Marka  I  Año 1  I  Nº 5  I  Creación y Cultura  I  Buenas exposiciones, pero… ¿Para quienes? (SIC)  I  p. 33

Las últimas semanas en Lima, han significado una inusual actividad plástica. No tanto por el número de exposiciones habidas sino, más bien, por la calidad de ellas. Así, después de mucho tiempo, hemos vuelto a ver una exposición de Tilsa Tsuchiya: un solo cuadro, un poema de Verlaine y la audición de la ópera “Tristán e Isolda” de Wagner. Pero no había ningún vacío; la pareja mítica pintada por Tilsa, unida por cordones bucales, en la cual la mirada del hombre refleja una profunda ternura y la de ella una ligazón indestructible, siempre presente , constituye una de las obras pictóricas más importantes realizada en el Perú contemporáneo. Además, significa el reencuentro de Tilsa con los rostros humanos, después de varios años bregando en un mundo de pececillos y pequeños monstruos hermosamente animados.

 

Otra muestra de singular interés ha sido la de las creaciones neofigurativas del colombiano Manuel Estrada. Partiendo de Goya, pasando por Bacon, los monstruos de Estrada -como también los del mexicano Cuevas- significan una acertadísima plasmación de un mundo burocráticamente agobiante, plagado de seres marginales y recorridos absurdos. Hay en ellos -como lo ha notado un crítico- una “lucha vorza y enfermiza por la sobrevivencia”, en un mundo marcadamente hostil.

 

De Ricardo Grau hemos podido apreciar una pequeña retrospectiva que mostró los diversos caminos por él recorridos y su incesante búsqueda experimental que no lo llevó a inventar nada totalmente nuevo, pero sí a plasmar en una obra valiosa una irrenunciable vocación por la pintura.

 

También ha sido de interés -aunque en otro plano, ya que se trata de plásticos noveles- la exposición conjunta de cuatro pintores recientemente egresados de la Escuela Nacional de Bellas Artes. Ellos, como es natural, son aún creadores en proceso de búsqueda de un lenguaje propio: Arcadio Boyer en un camino expresionista figurativo, donde el color es el elemento preponderante. Luis Huamán en una vertiente surrealista en la que no es difícil detectar la raíz latinoamericana, como en Mattao, más aún, en Lam. César Vásquez Macazana, tratando todavía de fusionar la realidad de la digura (SIC) geométrica y aquella próxima a la naturaleza misma. Y, por último, Anselmo Carrera -el más maduro y de obra más segura y desarrollada- que en sus dibujos y pinturas neo-figurativas muestra ya la plasmación de un trazo creativo remarcable, más aún si tomamos en cuenta su juventud.

 

Pero esto no ha sido todo. También HugoOrellana ha mostrado estampas, mates burilados y pinturas terrozas. Este pintor, que emerge de lo profundo de nuestra propia tierra, nos ofreció -con el tamiz de una técnica universal- figuras que hablan de un ser nacional que sobrevive marginado desde la conquista. En esta ruta de ligazón directa con “lo popular”, habría que mencionar también la cerámica profundamente innovadora de Oliva.

 

LA PLASTICA… ¿DONDE?

 

Este pequeño recorrido a la actividad plástica limeña de las últimas semanas nos lleva de lleno a una interrogante. ¿Dónde se ha exhibido todo esto? Podríamos empezar citando nombres que el más amplio público con significan nada: “Trapecio”, “9”, “Ars Concreta”, “Forum”, “Viernes”, etc. Y, justamente, éstas son las denominaciones de las galerías de arte limeñas que -¡cosa no tan curiosa como podría parecer!- funcionan todas en Miraflores o San Isidro.

 

LA PLASTICA… ¿PARA QUIEN?

 

Estas importantes manifestaciones de la creación plástica, han llegado solamente a una reducidísima minoría, a la que algunos han llamado absurdamente “la gente culta” y otros, simplemente la “élite”.

 

Se trata de la burguesía que ha expropiado el arte para su propio usufructo egoísta, ella es la que compra las obras y para ella es que se realizan las exposiciones. Al amparo de las leyes de la comercialización capitalista, la creación pictórica se convierte en una mercancía, en un objeto decorativo. Y esto no es ninguna novedad, la crítica de la cultura burguesa lo ha denunciado hasta el cansancio.

 

La situación que describimos es más grave de lo que a simple vista se puede suponer, pues -además de cerrar al pueblo las puertas de una parte de la cultura- encierra al mismo creador en un callejón aparentemente sin salida. El artista debe, pues, aceptar que su creación no sea un bien público, abierto a todos los hombres, sino la fuente de lucro de los dueños de galerías (cada cuadro aporta un cuarenta por ciento de su precio de venta, a estos señores).

 

Una vez vendida la obra de arte pasa a ser, simple y llanamente, un objeto de propiedad privada, esto es, que la obra de Tilsa o Estrada o cualquier otro creador, no podrá ser vista más que por su propietario y amigos, engalanando una sala o comedor. Esta situación empuja a muchos artistas a abandonar el anticomercial impulso de búsqueda de un lenguaje propio, de una forma de expresión original, para someterse a las duras reglas del mercado capitalista determinadas por “el gusto del cliente”.

 

Este tema debe ser tratado por los artistas plásticos, en profundidad, revolucionariamente. MARKA abre sus páginas a los trabajadores del arte para contribuir al esclarecimiento, necesario y urgente, sobre la crisis de la cultura burguesa.

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